Hoy os voy a hablar de las castañas. Yo las relaciono con la llegada del frío y los puestos ambulantes de castañas asadas. Me encantan, aunque os debo confesar que a mí la manera que más me gusta comerlas son crudas o pilongas. Todo tiene una explicación y es que a mí las texturas blandas no me gustan mucho, por eso soy un poco «crudivora», tanto con las verduras como con las frutas y también en el caso de los frutos secos.

Pero como siempre, empecemos conociendo un poco más de las castañas. La castaña es el fruto del castaño que está dentro de una cápsula espinosa. Este árbol pertenece a la familia de las fagaceae y tiene preferencia por los lugares frescos dentro de climas templados y húmedos.

La variedad que se consume en España es del fruto del Castaño Español (Castanea Sativa), la mayoría son procedentes del norte de España (Cantabria, Asturias, Galicia, País Vasco, etc) aunque hay que decir que hay otras variedades como la japonesa, americana y china, la principal diferencia está en el porcentaje de hidratos de carbono que contiene y su dulzor.

En España se consumen desde hace siglos, ya que hasta la llegada de la patata y el maíz de América era el “pan de los pobres”. En lugares donde no tenían otras alternativas hacían harina con las castañas y luego lo empleaban para la elaboración de pan.

Tiene muchas propiedades beneficiosas para la salud:

  • Bajo contenido calórico, ya que la mitad de su composición es agua. Es ideal para saciar el hambre sin subir de peso.
  • Alto contenido en hidratos de carbono, proteínas y fibra, muy recomendable para personas con problemas de estreñimiento.
  • Alto contenido en minerales, como el potasio, que ayuda a controlar la retención de líquidos, evita la hipertensión y favorece la diuresis. El Hierro que aporta, ayuda a prevenir la anemia y los dolores de cabeza.
  • Contiene vitamina B, si la castaña se come cruda ayuda a sobrellevar la melancolía que puede ocasionar el Otoño. La B2 es beneficiosa para el cuidado de la piel. También contiene vitamina C y ácido fólico, aunque estos últimos se perderían si las asáramos o cocináramos.
  • Después de todos los beneficios que he nombrado, este fruto seco es apto para todas las personas, salvo en los casos de alergias o intolerancias.

NOTA: Hay que decir que una vez recogidas y pasados 10 días, los hidratos se van transformando en azucares, de ahí su dulzor. Ocurre lo mismo cuando se asan.

CONSEJOS:

Para consumir las castañas cocidas, en cremas, salsas o purés, la mejor técnica para pelarlas es escaldándolas. En esta técnica es muy importante que cuando las hayáis escaldado, las sumerjáis en agua fría para parar la cocción y que el color de la carne no se oscurezca.

Si se van a consumir asadas, sólo tendréis que hacerles unos cortes en la cáscara y ponerlas a asar.

Si las queréis comer como yo, crudas, tendréis que usar algún que otro truquillo para poder pelarlas sin dificultad. Una forma es dejarlas secar un poco antes de comerlas, veréis como se pelan muy fácilmente, pero si aun así se resisten, podéis probar haciendo cortes también en la corteza, y metiéndolas en el microondas, en pequeñas cantidades, a potencia máxima unos pocos minutos.

Espero que os haya parecido interesante el post de hoy  y que cuando veáis esos fantásticos puestos callejeros de castañas asadas, os acordéis de todas las propiedades beneficiosas que tienen estos ricos frutos secos.

Nos vemos en el siguiente post, hasta entonces… SED FELICES!

Paola T.